-¿Qué tenés ahí?- me preguntó mi compañero.
No respondí. Seguí absorto en la imagen. Quería
destrozarla, sacarla de mi existencia para siempre. Lo intenté, con todas mis
fuerzas, pero era imposible. Este amuleto no se extinguiría jamás.
-¿Qué tenés ahí?- Volvió a preguntar mi compañero
mientras preparaba algo para comer.
-Una imagen que no puedo romper. Está muy dura.
-Ah ¿sí? Y… ¿Cómo es la imagen? ¿Qué tiene?
-Es un ángel con una espada en la mano.
-Interesante- alcanzó a decirme-. Probá tirándola en el
fuego. Vení.
Al no parecerme una mala idea, ni tampoco una pérdida de
tiempo, me aparté de la oscuridad en la que me encontraba y me acerqué a la
fogata. Arrojé la estampita sin dudar. Ésta no se quemaba. Nos quedamos en
silencio esperando que en algún momento pasara, pero seguía intacta.
-Ves- le dije a mi compañero-. Es un asco.
-Sí, es bastante especial ¿Quién te la dio?
-La encontré sobre el asiento trasero del último auto que
nos aventó. Supuse que no le importaría al hombre que desapareciera una de las
que, seguramente, tantas tiene. Vos sabés cómo son los que creen en estas cosas…
-Obviamente que lo sé ¡Pero mirá qué loco! La realidad
acaba de volvérsenos un poco más extraña. En fin, voy a terminar de cocinar
esta mezcla.
-De acuerdo- concluí.