martes, 14 de octubre de 2014

Nada nuevo

-¿Qué tenés ahí?- me preguntó mi compañero.
No respondí. Seguí absorto en la imagen. Quería destrozarla, sacarla de mi existencia para siempre. Lo intenté, con todas mis fuerzas, pero era imposible. Este amuleto no se extinguiría jamás.
-¿Qué tenés ahí?- Volvió a preguntar mi compañero mientras preparaba algo para comer.
-Una imagen que no puedo romper. Está muy dura.
-Ah ¿sí? Y… ¿Cómo es la imagen? ¿Qué tiene?
-Es un ángel con una espada en la mano.
-Interesante- alcanzó a decirme-. Probá tirándola en el fuego. Vení.
Al no parecerme una mala idea, ni tampoco una pérdida de tiempo, me aparté de la oscuridad en la que me encontraba y me acerqué a la fogata. Arrojé la estampita sin dudar. Ésta no se quemaba. Nos quedamos en silencio esperando que en algún momento pasara, pero seguía intacta.
-Ves- le dije a mi compañero-. Es un asco.
-Sí, es bastante especial ¿Quién te la dio?
-La encontré sobre el asiento trasero del último auto que nos aventó. Supuse que no le importaría al hombre que desapareciera una de las que, seguramente, tantas tiene. Vos sabés cómo son los que creen en estas cosas…
-Obviamente que lo sé ¡Pero mirá qué loco! La realidad acaba de volvérsenos un poco más extraña. En fin, voy a terminar de cocinar esta mezcla.
-De acuerdo- concluí. 

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